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Las
armas de la investigación
Por:
Fabiola I. Martínez
La tecnología
ha resultado ser la mejor y más grande aliada de la investigación
tanto científica como histórica, mejorando la calidad
de vida y desentrañando misterios del pasado. Sólo
basta con mirar el equipo de la NASA o checar documentales en los
que se descifra la antigüedad de las momias de los faraones
egipcios. La medicina moderna es otra prueba fehaciente del gran
impacto social que la tecnología ha llegado a tener, más
cercana y próxima a varios sectores de la sociedad.
A pesar de lo
maravilloso que parece este panorama, dentro de todos estos avances
hay un arma de doble filo. El Internet, tal y como exagerado que
suena. Es cierto que pone mucha información y posibilidades
de comunicación al alcance de todos sus usuarios, pero es
a la vez una fuente poco confiable en ocasiones.
Los ejemplos
más comentados sobre esta situación suelen ser los
relacionados a fraudes y robo de información, pero hay otros
que no son tan tomados en cuenta. A nivel de una investigación
seria, Internet resulta un medio peligroso. Como cualquier persona
(claro, que cuente con el acceso) puede crear y subir una página,
la información que allí se puede encontrar es un tanto
dudosa. Por ejemplo, las fuentes son inciertas y hay quienes suben
lo que creen saber respecto a temas determinados, pero esto no ha
sido revisado ni verificado por ninguna autoridad en el tema.
Existen muchas
páginas y sitios dedicados a tareas e investigaciones nivel
primaria y secundaria a lo mucho, pero cuando se busca información
más seria o a mayor profundidad, la búsqueda resulta
muy complicada. No es tampoco correcto afirmar que no existen páginas
dedicadas a esto, pues sí las hay; pero su número
es limitado al igual que su promoción. Las páginas
de museos o de academias reconocidas a nivel mundial aportan datos
fidedignos y basados en cuantiosos estudios previos.
Lo que no se
debe de hacer al llevar a cabo una investigación por la red
es recurrir a los buscadores que se utilizan para cualquier tipo
de búsquedas comunes y corrientes, ya que hay páginas
que pueden pagar por aparecer o son simplemente realizadas por aficionados.
Sucede lo mismo que con los libros, no se debe de creer en todos;
de la misma manera en que se verifica que el autor sea serio y comprometido
con la información que da e incluso -en caso de ser traducción-
que todas las personas relacionadas con éste tengan un cierto
nivel de credibilidad.
Las imágenes
son otro punto a considerar dentro de esta polémica. Habrá
muchas páginas cuyas gráficas contengan información
poco objetiva e imágenes que sean de baja calidad. Esto,
al momento de proyectarlo (supongamos en una conferencia) sólo
ocasionará que no se entienda y los espectadores no puedan
ver una imagen clara y nítida.
En conclusión,
se puede utilizar Internet pero con reservas y conociendo sus limitaciones,
al igual que se debe hacer uso y "explotación"
de los sitios respaldados por instituciones serias y con investigadores
de calidad.
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