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La sociedad
moderna tiene un soporte esencial en las tecnologías
de la información y las comunicaciones. Estos dos
componentes aportan ventajas invaluables a todo el rango
de actividades económicas, sociales, culturales y
políticas que no pueden menospreciarse, y mucho menos
desaprovecharse.
Tomando en
cuenta las ventajas anteriores, cabe hacer una serie de
reflexiones. El crecimiento futuro de los servicios de información
y comunicación emergentes, tales como servicios de
comunicaciones móviles, compra por television , correo
electrónico, telebanco, etc, depende de una estructura
segura de tecnologia y comunicaciones, que no aminore la
confianza en esos servicios y frene su difusión universal.
Por otra parte
la facilidad con que las nuevas tecnologías y sistemas
pueden almacenar, distribuir y proporcionar datos relativos
a las personas, invadiendo o al menos amenazando la esfera
privada, se ve reflejado en la aparición de toda
una serie de leyes de protección de datos y derecho
a la intimidad. Además, a pesar de los abusos que
el sector privado pueda cometer, normalmente los ciudadanos
percibimos al Estado como la amenaza mayor a nuestro derecho
a la privacidad. La doble percepción del Estado como
amenaza y a la vez garante de nuestros derechos, tiene fuertes
implicaciones en la discusión del uso de las tecnologías
criptográficas a una escala mayor que la actual.
En el ámbito
de los que trabajan, discuten o reflexionan sobre la seguridad
de los sistemas de información y comunicaciones,
se está de acuerdo en que la criptografía
es una tecnología imprescindible para garantizar
la confidencialidad, integridad y autenticidad dentro de
la infraestructura actual, y que esa garantía y protección
es vital para la existencia de los servicios de ámbito
económico y financiero (aunque no se restringe a
ellos) que se apoyan en la mencionada infraestructura.
La criptografía
podría ofrecer soluciones al conflicto antes apuntado
sociedad-individuo, o más bien estado-individuo,
proporcionando escenarios en los que el control y acceso
a la información no resida exclusivamente en una
de las partes, estado o individuo.
Pero tras
esta reconocida necesidad de la criptografía, se
encuentran aspectos significativos de necesidades de la
sociedad en conflicto. Por una parte los ciudadanos desean
ver protegidas sus comunicaciones de las escuchas electrónicas
y sus datos del uso abusivo e indiscriminado. Por otra parte,
parece razonable y legítimo que la sociedad, (y el
Estado), desee conservar los medios actuales de lucha contra
la delincuencia.
La utilización
masiva e indiscriminada de métodos criptográficos
podría privar a los gobiernos de obtener el acceso
a la información necesaria por una parte, para su
propia gestión y por otra, para la protección
de la sociedad. Por contra, los métodos propuestos
por los gobiernos (como por ejemplo la iniciativa estadounidense
EES, v.g. Clipper) tienen, a juicio de las organizaciones
de libertades civiles.
Desde un punto
de vista de lucha contra el crimen se necesitan técnicas
criptográficas que no limiten la capacidad de los
gobiernos a actuar ante una orden judicial. Porque en caso
contrario, la misma tecnología que protegerá
ese derecho a la privacidad, que habremos definido y defendido
como absoluto, podría dificultar tremendamente la
acción de la justicia así como de otros aspectos
evidentes de la seguridad nacional.
Desde el punto
de vista de los sectores económicos y financieros
la solución no puede implicar el uso de una solución
criptográfica simple y fácil de descifrar.
En estos momentos, y con una tendencia creciente imparable,
en la moderna Sociedad de la Información hay demasiada
actividad económica y financiera como para hacer
recaer la confianza necesaria en estos sistemas sobre técnicas
criptográficas vulnerables.
Y en resumen
plantearía las siguientes interrogantes que debemos
plantearnos para poder formar un juicio negativo o positivo
de la criptográfia.
- ¿Cuán importante
es proteger a la sociedad frente a criminales y terroristas?
- ¿Es esta protección
más importante que proteger nuestra privacidad
frente a cualquier amenaza, incluyendo los abusos por
parte del Estado?
- Es un hecho claro que nuestra
privacidad puede ser completamente garantizada (tanto
a nivel de datos como de comunicaciones) con el uso de
la criptográfía. Pero ..¿queremos llevar
ese derecho a la privacidad al límite?
- ¿Quién debe tomar
las decisiones concernientes al uso de la criptografía
en entornos comerciales y privados?
- ¿Qué papel debe
asumir la sociedad civil en este proceso?
- ¿Cómo se habilitarán
los necesarios servicios de certificación, TTPs
(terceras partes confiables), notarías electrónicas,
etc? ¿Qué modelo, intervencionista o autorregulador,
es más adecuado o preferible en la situación
actual?
- ¿Seremos capaces las partes
implicadas en el debate: ciudadanos, tecnólogos,
juristas y políticos, de aportar soluciones y políticas
criptográficas que satisfagan a todas las partes?
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